Esta es una de las notas más
gratas que hago para compartir con ustedes; son inevitables los recuerdos, las
distintas emociones de la nostalgia, cuando al parecer todo era más sencillo, sin
internet y todo el valor agregado que conlleva; las cosas costaba más
conseguirlas, por lo cual representaba un valor mucho mayor para quien a costa
de empuje lograba obtenerlas. Nosotros aquellos highlander de la música y el
rock, que con nada más que un lápiz como espada, un casette como escudo y el
poder arrasador de miles de corceles de una radio, enfrentábamos nuestros
sueños y frustraciones día a día, la era de casette y rock .
Me fui en la volá con la intro
pero es que la emoción es grande, cuando decía que costaba conseguir las cosas,
y en este caso la música, es porque era así, los recursos no eran muchos, la
música cara (un casette, promedio tenía un valor de 9 mil pesos) la única
posibilidad era la piratería, moneda que llegaba a nuestras manos iba a parar a
alguna librería para conseguir una cinta grabable o virgen como le llamábamos, teníamos una obsesión en ese entonces con todo lo que pudiera estar
celestialmente puro. En los grupos de amigos siempre hay alguien que tiene un
poco más que otro, por lo tanto tenía acceso a comprar las cintas originales, y
el wn tela se encargaba de copiarlas, no sin antes darse el lujo de juntar a
todo el perraje para hacer debut de su casette en un verdadero ritual que hasta
el mismísimo Zeus quisiera bajar del Olimpo para deleitarse con el poder del
trueno de Manowar, Metallica y todas las leyendas del metal que formaban parte
de estas ceremonias acompañadas de tormentas de cervezas…en realidad no eran más
de 4 bálticas y un chimbombo de tinto y otras hierbas, era rasca la weá digámoslo, pero lo pasábamos bien, wns más felices no podíamos ser, luego de esto
comenzaba el contrabando de casettes piratas, sin dejar de mencionar a aquellos
que les entraba el demonio de tanto escuchar a King Diamond, y trataban de
llevarse como trofeo el casette original desatando la furia titanesca del dueño
(como olvidar la espuma saliendo de la boca del afectado porque le
choreaban las cintas) incluso recuerdo que se apagaban las
luces para que apareciera lo robado, sin embargo cuando se encendía era
sorprendido el autor del delito con la mano estirada para conseguir un nuevo
trofeo de guerra, era nuestro amigo doméstico que se robaba hasta
el confort.
La música rock en esos años
llenaba cada rincón de nuestras vidas, siendo complemento de lo cotidiano, era
tanta la felicidad que esta se transmitía a nuestro entorno (en algunos casos);
recuerdo a mi madre cuando me trajo un regalo increíble, sin duda es el mejor
regalo que he recibido en mi vida (hasta el momento), mis primeros casettes
originales, Poison “Swallow this life” y Guns N´Roses “Use your illusion II”
además de un minicomponente LA RAJAAAAAAAA!!!!!! , estaba más feliz que paco en
protesta con mis regalitos en esos 15 años, me cachiporreaba con todos con los
guns y sus himnos hasta que se me fue con radio y todo hasta el fondo de las
aguas del Cautín en un paseo en bote L
. Tras lo cual comienzan los tiempos del rec y play, grabando y descubriendo
mucho más en el mundo del rock y sus exponentes, verdaderos héroes de nuestra
generación, aquellos que nos ofrecía aquella leyenda del dial, Día y Noche (próxima
nota), con el dedo índice preparado cual fusil listo para disparar sobre la
tecla rec y comenzar a descartuchar cuanto casette llegaba a mis manos,
especiales con locutor y todo, conciertos, singles y hasta comerciales pasaban
cagando cuando era víctima del sueño y la radio quedaba grabando, para luego
llegar a nuestras reuniones épicas e intercambiar música. Era un chiste la weá,
peleando por quién escuchaba su música primero, si hasta parecían duelos
medievales con lápiz bic en mano; mientras sonaba una cinta el resto rebobinaba
con el lápiz dejando las canciones listas para que fueran un verdadero combo en
el hocico para los que escuchaban, el que sorprendía era el que llegaba con
mixes o compilados artesanales dando en el gusto a todos; eran nuestras
reuniones en donde quién mentía más que el otro ganaba.
Aquellos viejos tiempos, como el título
en español de Old School (película) a lo mejor pasamos pellejerías, pero éramos
felices, más adelante recorriendo las carreteras, pero a pata con guitarras al
hombro, esa es una historia que contaré otro día, más sabrosa que esta, y como
dicen por ahí…”quién no rebobinó un casette con un lápiz, no tuvo infancia”.

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