La pregunta ya está lanzada, es
muy probable que esta interrogante y posterior análisis objetivo pueda crear
cierta urticaria en alguno que otro lector con tolerancia 0 al cloro (¿se
entiende?), no obstante no podemos hacer vista gorda de algo que cada día asoma
con mayor descaro, sobre todo en una sociedad mucho más informada y decidida,
empoderada de sus ideales que ya ha dicho basta a todos quienes quieren seguir tratándonos
de idiotas. Es la palabra y la disconformidad desde la óptica de la opinión pública
para preguntarnos ¿Qué sucedió con nuestra información?
Esta introducción responde a la
idea del paradigma que puedan tener algunos medios en relación a sus
televidentes, auditores y/o lectores creyendo que todos pertenecemos a la
jungla de los realities, docurealities, programas de farándula y todo de
aquello (está bien, no todo tiene que ser cultura, pero por favor la gente no
pide ese tipo de programas, son los programas los que piden a la gente y les
inyectan LSD vía LED a los ilusos).
Desde hace bastante tiempo muchos
como yo hemos venido observando la mutación en ciertos noticieros, que aúnan esfuerzos
y recursos en ganar adeptos para generar rating en base a la simpatía de sus
conductores, incluso humanizándolos (muchos creíamos que eran la caracterización humanoide del sono y telepronter) incluyéndoles en matinales y otros
programas, eso es positivo ya que son comunicadores y potenciales líderes de
opinión más allá de unos simple lectores de noticias culo seco; no obstante
cuando estos usan sus plataformas para hablar imbecilidades eso es lamentable. Volviendo
al tema principal, la noticia siempre ha estado, siempre se ha jerarquizado, la
agenda setting existe, la aguja hipodérmica y todos esos tecnicismos ligados a
la información y la noticia que se ven en la universidad han estado presente, alimentándonos
de lo que quieren que nosotros leamos, veamos y escuchemos.
Todo eso hasta que la masa fue
tomando forma hasta transformarse en opinión pública, con derecho y la fuerza suficiente
para derrocar doctrinas, estados y monarquías a través de diversas expresiones;
la misma voz del pueblo que se dio cuenta que la información está siendo
manipulada por el poder de algunos, ocultando la verdad o disfrazándola; dando
cobertura a problemas sociales con eufemismos, priorizando los efectos
colaterales, por ejemplo las marchas estudiantiles, más preocupados de los
encapuchados que de los temas de fondo; vergonzoso lo de la convocatoria “NO + AFP”
cobertura casi por compromiso, claro como no hubo desmanes, la poca descentralización
relegada a los corresponsales en las regiones para entregar toda la información
posible en los pocos minutos que les asignan en los noticiarios y que aun así
la siguen tiñendo de colores políticos, esto sumado a los que se creen actores
de Hollywood y se olvidan que son periodistas.
No cabe duda que las lluvias en
Santiago, los portonazos, los robos a cajeros y las cagadas internacionales
tienen su lugar inclaudicable en la agenda, además resulta irrisorio como
algunos periodistas se transforman en asesores de imagen de los delincuentes asignándoles
seudónimos o proporcionando propaganda gratuita a los respectivos nombres de las
bandas o delincuente “picao a shoro” otorgándole fama en el “Hampa Squad”,
después de esto ya no me queda duda que estos son profesionales delictuales, si
incluso ya dominan el publicity; pregunta aparte ¿Cuando les enseñaran a no cantar y recitar a los periodistas al momento en que entreguen la información?
El propósito de estas líneas no
radica en que uno u otro sector sea dueño de la verdad, por el contrario apela
al sentido de discusión abierta, que todos tengamos el derecho y el espació a
decir lo que pensamos, se reclama la misma oportunidad que tienen algunos
personajes de la televisión tristemente célebres por sus dichos o salidas de
madres; Cata Edwards, Karen Doggenweiler, Gustavo Hasbún, Villegas, el chico
Zaldivar y como si esto fuera poco darle pantalla a pelotudos extranjeros como
los defensores del silala que vengan a Chile a aportar con temas poco atingentes,
demandando por una cagá de río que no es más ancho que la orina de mi perro o
el canciller armando “casa de huifa” en el puerto de Antofagasta como curao
afuera de la disco (o "Dance & Grill" como le pusieron ahora) porque no lo dejan entrar.
Ya no es la esperanza del cambio,
ni tampoco una petición, es la razón y la fuerza en conjunto de quienes han
decidido cambiar lo que no han podido hacer en años nuestros “líderes” elegidos
en las urnas, cambiar para el bienestar de las futuras generaciones; que las
páginas sociales queden para expresiones de opinión y convocatorias, y las urnas el
próximo 23 de octubre para elegir a conciencia, hagamos que nuestros actos
formen parte positiva del “cuarto poder”, que ya no tengamos que morder al
perro para salir en la prensa, expresar lo que se siente de manera asertiva y
sin tener que ser ahorcados por nuestras propias lenguas, pero lo importante de
todo exigir ser escuchados cuando esto se sustenta en lo propositivo y
constructivista creyendo en nuestras ideas, ya que como lo dijo quién vio con
otros ojos a la opinión Pública en 1922, el dos veces premio Pulitzer, Walter
Lipman: “Dónde todos piensan igual nadie
piensa mucho”.
Pablo Chávez Bastidas.
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