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jueves, 14 de julio de 2016

GENERACIÓN FLOYDIANA, EL BRILLO DE DIAMANTES LOCOS

Primero que todo les pido que apliquen play a “Shine on You Crazy Diamond” para que acompañen esta nota, que es lo que aproximadamente tardaran en leerla (si lo quieren leer en el Smartphone mejor no lo hagan), para que así se sientan cómplices y tocados por las próximas palabras que a continuación tocarán la fibra de aquellos que alguna vez amarillentaron sus dedos aprendiendo a volar. Si no te gusta Pink Floyd, tienes menos de 30 o simplemente no los conoces y no te interesa, hazte un favor y retírate ipso facto de este Facebook o Blog.

Para comenzar me resulta complejo dar pie a escribir esta nota, no por falta de palabras o ideas, sino más bien por optar por seleccionar, ordenar o simplemente abstraerme de aquellos recuerdos que inundan mi mente como cual raconto de una novela de jamás olvidar, no obstante ya comencé a escribir y a describir la historia de aquellos locos diamantes que alguna vez brillaron tan alto como las estrellas pueden estar.

Ahora que usted echó a correr la canción, encienda el celestial y llene la de cristal, aluminio o plástico si desea y le cuento que la idea es simple, es proferir acerca de una canción escrita el año 1974 que guarda demasiada historia como para ser contada en un par de líneas, eso es imposible, por ende me centraré en lo vivido por quien tira dedos al teclado y que con seguridad atañe a más de algún lector desde algún aspecto de su vida, en lo experimental, accidental o simplemente por derecho.

Pink Floyd es de aquellas bandas que forma parte del soundtrack de nuestras experiencias terrenales y como alguien dijo en algún momento: “nuestro anfitrión en lo divino” , de aquel que ya no tiene los pies sobre la tierra; una banda que marcó su destino al desligarse del nombre “Megadeath” para llegar a conformar las dos palabras que unifican el génesis y el apocalipsis, a la que damos las gracias por haber existido y también por el quedar en el recuerdo sin tener que ser espectadores de una debacle musical como la que dolorosamente vemos en algunos héroes de una época que es mejor dejarla descansar junto a los tesoros de la juventud, “Remember when you were Young” la cita, la leyenda de los cuatro y uno más.

Shine on You Crazy Diamonds quedará inscrita en la historia como una descomunal descarga de talento, energía, sentimiento y majestuosidad capaz de transportar los sentidos por sobre los instintos hambrientos de una generación descarnada y rebelde; una obra maestra que como todas las de los británicos se supo superar a la magia del estudio y consolidar un sonido demoledor y confortable en vivo tanto en “Delicated Sound of Thunder” como en “Pulse” (separados por 7 años) creando una atmosfera cargada de sentimientos que conllevan a un trance inevitable que sólo podrán entender aquellos de apertura craneana.

Una obra de nueve partes salidas de la mente anacrónica de Waters musicalizada por quienes unos años más tarde bifurcaron caminos a los de Roger; Gilmour y Wright cómplices del delicado pero marcado toque a los parches de Mason, los cuatro que alineados a los planetas dieron vida a al roce táctil del espacio y el tiempo; así es, es lo que vivimos parte de una generación en aquellos incontables focus group sin más moderador que el cáliz que acompañaba tardes otoñales, invernales, de verano y primavera sin mayor preocupación que vivir una vida única libre de estándares, obligaciones, necesidades triviales o de supervivencia politizada, vivíamos una vida que sin embargo nos preparaba para alcanzar una madures y estabilidad que debía llegar en su justo tiempo.

Como olvidar aquellos encuentros sublimes con la adrenalina a mil por escaparnos de nuestros carceleros para nosotros que en la práctica eran nuestros protectores, para simplemente juntarnos a intercambiar ideas, opiniones devenidas en discusiones y peleas de gallos en algunas ocasiones,  acompañadas de nuestros héroes de la música y los infaltables Pink; como en aquella oportunidad, que aún llega a mi recuerdo en casa de aquel que se parecía a Lennon, cantaba a Rod Stewart y profesaba a Floyd, aquel que aguardaba a su comunidad con una mesa en relieve marcada de montañas verdes frondosas listas a ser deforestadas para su pronta forestación acabada la temporada. Camioncitos tolva en posición de recibir la carga vegetativa para su posterior procesamiento, proceso acompañado de la armonía de un loco diamante llamado Barret, calvo, desorientado pero pertinente.

Al cierre junto a la avioneta de “On The Run” que se estrella tras un sonido interminable, y más tarde la implacable súplica de “Vera”, acompañada de la marcha celestial que trae a los niños de vuelta a casa, asoma nuestro anfitrión de la ribera del Chol – Chol, quien trae brazos en alto…un instante que me guardaré y que sólo conocen aquellos que estuvieron conmigo aquella tarde de los 90, “Bring the Boys Back Home”.

Señores quienes leyeron hasta el final, mis respetos y gratitud, ya que sin duda comparten estas palabras desde su vereda; es Pink Floyd la banda sonora de nuestras vidas, que sólo pocos comprenden y la verdad no necesitamos demás, lo vivimos y seguirá acompañándonos en los senderos a recorrer; es “Shine on…” “Wish You Were Here”, “Confortably Numb” o las afortunadamente incombustibles fonográficas que nos regalaron los Floyd, que tenemos para disfrutar acompañados de lo que nos hace sentir plenos, un reserva, el de aquellos que te eleva y despierta los sentidos, la circunstancia o simplemente la música de los cuatro y de aquel calvo de apellido Barret que se presentó en el estudio para brillar una vez más como un loco diamante.




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